EL RAYO QUE NO CESA
Para el poderoso todo está permitido. El poderoso, como dice La Bruyère, ocupa más sitio cuando se sienta y se repantiga. El pobre, el vencido, se sienta, tímido, en el borde la silla, temeroso de ocupar mucho espacio. Los lamentables sucesos del 11-S y posteriormente la invasión de Afganistán y la guerra de Irak dieron a la todopoderosa USA, fiera resentida por el zarpazo de Bin Laden, patente de corso para hacer y deshacer sin tener que pedir permiso y consentimiento a la comunidad internacional. Todos sabíamos que se habían pasado mil pueblos, como lo hicieron en Hiroshima y Nagasaki; había fotos, había testimonios desgarradores, pero al puto amo se le permite todo. No hay más que pasar por una frontera norteamericana para darse cuenta de la mirada fría como la de la hiena del policía que te escruta y casi t...