MÍRELOS A LOS OJOS, SEÑOR HERNÁNDEZ MOLTÓ
Mírelos, por favor, mírelos a los ojos señor Hernández Moltó; mire a los ojos a los mil trescientos treinta y dos empleados de esa Caja de Castilla-La Mancha que destruyó usted con el apoyo inestimable de su vicepresidente Federico Rodríguez Morata y la venia de los dos sucesivos presidentes regionales: don José Bono y don José María Barreda. Sea usted valiente y ejemplar, haga lo que tan arrogantemente le pidió que hiciera, delante de toda España, a don Mariano Rubio, director del Banco de España. Ya sé que se está mejor oculto y a buen recaudo, sin decir ni pío, esperando que escampe, que el público se olvide del tremendo desaguisado. Eso lo sabe usted muy bien, como lo sabe Rodríguez Morata, que no se atreve a salir de su despacho universitario, ni José María Barreda, bien blindado en el Parlamento, buscando árbol al cual arrimarse; ni José Bono...