EN OLOR DE SANTIDAD
Me pide el cuerpo, y de qué manera, hoy hacer un elogio a esos grandes hombres, con madera de santos, que trabajan silenciosamente, sembrando amor, soportando la indiferencia de muchos, pero fieles a su verdad. Seres que sustentan esta sociedad voluble impidiendo que se hunda en sus propias miserias. Consagrar su vida al servicio de los demás en nombre de Dios es algo que ya muy pocos hoy día son capaces de hacer por culpa de un estilo de vida marcadamente egoísta y procaz. Y, sin embargo, los sigue habiendo, y ya no sólo esos misioneros que dejan su país para vivir una vida heroica en países dejados de la mano de Dios, sino también otros que viven en medio de nosotros, en nuestros pueblos y aldeas, como humildes párrocos, cimentando el grupo social en medio del que se mueven. Labor ingrata, a veces, silenciosa, calla...