UN SIGLO SIN GALDÓS
En 1914, las dificultades económicas por las que pasaba Galdós hicieron que sus íntimos organizaran una suscripción en ayuda del novelista, suscripción que fue encabezada por Alfonso XIII con un donativo de 10.000 pesetas. Poco a poco fue espaciando sus salidas. Sí acudía, desde luego, a sus últimos estrenos para recibir el aplauso no sólo de la obra de turno, sino de toda su gigantesca labor literaria. Para entonces, era ya la figura más popular y querida en toda España y su nombre se pronunciaba con una extraña unción. En 1916 –año en que era nombrado delegado en los actos conmemorativos del tercer centenario de la muerte de Cervantes–, Galdós aún tenía fuerzas para publicar por entregas en La Esfera sus Memorias de un desmemoriado . Tres años más tarde, una fría mañana de enero –tenía a la sazón 76 años–, el maestro acudía al Retiro pa...