EL POLVORÍN SIRIO
Hay motivos, hoy más que nunca, para pensar que el mundo está enloqueciendo. Sí. El ataque químico perpetrado el pasado martes en Jan Shinjún, en el norte de Siria, y que acabó con cerca de un centenar de víctimas, más de la mitad niños y mujeres, es una muestra de desquiciamiento al que asistimos. Gasear a su propio pueblo es el último grado de la infamia al que se puede llegar, y eso es lo que, al parecer, acaba de hacer ese personaje con “cara inocente” que es Bachar al Asad, un hombre que, como Hitler, Sadam Husein y tantos otros, algunos no muy lejanos, no dudan en dejar que el mundo a su alrededor se hunda, con tal de salvarse ellos. Es lo que hacen los tiranos imbuidos de su misión redentora. La guerra de Siria, como la de Vietnam o la de Iraq, ha alcanzado tales cotas de crueldad, que se hace difícil imaginar hasta dónde pueden llega...