LA ESPAÑA EN LA QUE ALFONSO GUERRA CREE
Uno de los grandes problemas que tiene hoy día la clase política es su desprecio a los dirigentes mayores de sesenta años a los que jubila sin compasión, considerándolos jarrones que nadie sabe dónde poner. De ahí esa desvergüenza generalizada de “colocarlos” –nunca mejor aplicado el término– en grandes consejos de administración de empresas conchabadas, o en organismos como el Consejo de Estado que, visto lo visto, se ha convertido en un simple “cementerio de elefante(a)s”, muy bien remunerado por cierto. La política es hoy asunto, no de muleros –que un día, según parece, le espetara a Franco el célebre Rafael Sánchez Mazas, el único de sus ministros al que el dictador nunca se atrevió a tutear–, sino de gente cuarentañera, con buena fachada, mucho arrojo y aún más jeta, penenes, en suma, de esos que en la universidad se las apañan para,...