CONMOCIÓN EN LAS AULAS
Dicen que no hay mal que por bien no venga, y qué razón lleva el refranero. El escándalo de Cristina Cifuentes –dejando a un lado su empecinamiento en negar la evidencia– ha abierto la caja de Pandora, dejando un rastro de imprevisibilidad que todos deseamos que sea para bien. Cuando la Universidad dependía del Ministerio había, qué duda cabe, corruptelas universitarias por parte de los sanedrines de cátedros (o catedráticos) empeñados en mantener un statu quo que les favoreciera; pero ahí estaba, por lo general, el nivel intelectual para garantizar el prestigio de las universidades. No eran idílicas, pero mantenían el tipo. Dos factores vinieron a alterar la institución universitaria: uno, el Estado de las autonomías; otro la injerencia de la política. Considero, como catedráti...