LA PALABRA DADA
Cientos de veces se lo oí decir a mi padre: “Cuando le des la mano a alguien a modo de acuerdo o contrato, eso va a misa”. ¡Qué tiempos aquellos en que lo que acordaban los hombres jamás quedaba reducido a papel mojado! Era una época dorada en que las personas no necesitaban ir de la diestra de un abogado para caminar por la vida. Bastaba la palabra. De entonces acá el deterioro de la Humanidad se ha hecho patente de una manera harto significativa. La mentira se ha convertido en instrumento cotidiano, subvirtiendo los grandes y pequeños valores de antaño. Los hay que mienten por sistema, ya no como modo de salvar la pelleja, sino por puro vicio. Tuve un compañero en la universidad que de tal modo lo habían maleado los jesuitas en Navarra que cada vez que le decías algo, él creía justo lo contrario. Cuando me di cuenta, actué en consecuenc...