SIN SALIDA
Parece que el sueño de Puigdemont se desmorona por días, pero también es posible que eso no pase de ser una simple impresión. Los hay que sólo saben morir matando, y el “president” catalán, que ya estuvo a punto de morir en 1986, es de ésos. Victimista hasta el final, sabe que, una tras otra, se le cierran todas las puertas, pero cuenta con un arma todopoderosa y es el poder de millón y medio de convencidos, rebosantes de inquina y dispuestos a todo, dirigidos, además, por un grupo de fanáticos antisistema de la CUP que saben que la Historia no les va a dar otra oportunidad. Puigdemont y los suyos, por lo demás, han conseguido lo que en casi cuarenta años de democracia no se había conseguido, y es la toma de conciencia nacional, algo que, para bien o para mal, sólo se ha producido en determinados momentos en que el pueblo, saliendo de su habitual...