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Mostrando entradas de abril, 2020

DIARIO DEL AÑO DEL DESASTRE (V) HUIS CLOS

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                       Vamos hacia los cuarenta días de confinamiento (la cuarentena a la antigua). También Jesucristo pasó cuarenta días y cuarenta noches en el desierto soportando tentaciones y curtiéndose como dios y como hombre. El problema es que nosotros seguimos sin ver la salida del túnel. Lo único que nos tememos es que esta noche, en el momento mismo en que escribo estas líneas, otros quinientos compatriotas –¡ojalá me equivoque!– sigan rindiendo tributo a esta nueva sanguijuela que es el coronavirus. Es terrible despertarse cada mañana y enterarse de que la terrible cifra de muertos aumenta a un ritmo incesante, por no hablar de los tres, cuatro o cinco mil nuevos infectados, ¿cómo es posible, nos preguntamos?             El desastre –el sanitario– sigue, pese al heroico comportamiento de los que a diario se baten el cobre con él, pagándolo con su vida o con el contagio. ¡Qué ejemplo de profesionalidad están dando al mundo! Sus aplausos a los que logran salvar la vida e

DIARIO DEL AÑO DEL DESASTRE (IV) HUIS CLOS

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          Han pasado cuatro semanas y sigue sin verse luz al otro lado del túnel por más que los  encargados de hacer frente a esta pandemia un día sí y otro también reiteren su cantinela optimista. La moral se resquebraja al ritmo del número de muertos, que están a punto de alcanzar los 17.000.            En un mes de confinamiento ha habido tiempo de pensar: éramos la Ciudad Alegre y Confiada que decía Benavente; estábamos plenamente convencidos de que las epidemias eran cosa del pasado, cosa superada, y que, excepción hecha de un grupo de agoreros, “cenizos” y “gafes”, no había por qué preocuparse ni precaverse. Sí teníamos noticias de millonarios caprichosos que se habían construido junto a sus mansiones un refugio nuclear, por si las moscas. Pero la palabra “pandemia”, si seguía en el diccionario era por pura extravagancia, cual reliquia. Y es que está claro que en el mundo actual, salvo los judíos, que siguen teniendo en el desván su maletín con todo dispuesto por si t

DIARIO DEL AÑO DEL DESASTRE (III) HUIS CLOS

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              Viernes de Dolores. Calles vacías. Avenidas vacías. Carreteras y autopistas vacías. Estaciones de servicio vacías. Ejército, Guardia Civil y Policía. Ciudades y pueblos tomados. Bares y restaurantes vacíos. Estadios vacíos. Iglesias vacías. Ni hubo Fallas. Ni hay Semana Santa. Ni habrá Feria de Abril.               El mundo se ha parado. La gente permanece a la expectativa. El miedo lo invade todo. Viví una situación parecida en la Polinesia en espera del ciclón devastador. Había que aprovisionarse a tope y esperar la embestida del Océano. Ni cerillas encontré. Los supermercados eran un puro esqueleto.           Aquí no es el Océano, sino un virus asesino procedente de China. Los cadáveres se multiplican. En Madrid, ¡quién lo dijera!, faltan morgues . No hay carros de la muerte como en la Edad Media; ahora somos más civilizados. Pero las víctimas siguen muriendo solas, muchas de ellas sin tan siquiera un simple respirador. En un mundo de derroche, despilfarro y dis