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Mostrando entradas de abril, 2017

UN CANAL CON MUCHO FONDO

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            Una vez más el ciudadano español siente náuseas al oír a Mariano Rajoy en Sevilla pronunciar una de sus típicas soflamas sobre la honestidad del PP, justo a la hora en que, en Madrid, el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco no da abasto con la nueva banda de chorizos incluidos en la nueva operación Lezo , cuyo máximo representante es el que fuera presidente de la Comunidad de Madrid y mano derecha de Esperanza Aguirre, Ignacio González, ese mismo que incluso aspiró a suceder a Miguel Blesa al frente de Caja Madrid, cargo que, a la postre, recayó, como se sabe, en Rodrigo Rato, otro que nos salió rana, o más bien sapo, en honor a la ranas.             Madrid, capital de la basura, lodazal del que no hay forma de salir, porque, a lo que parece, la corrupción está metida hasta la misma médula de la clase política que supo tomarse al pie de la letra el célebre lema de Zaplana, a quien no le dolieron prendas en afirmar que había ido a la política “a forrarse”. A lo

POSFACIO A UN LARGO SILENCIO DE JOSÉ MANUEL MARTÍNEZ CANO

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                                                            EPIFANÍAS             Prosista, articulista y ensayista, José Manuel Martínez Cano, bien lo sabíamos sus íntimos, fue y se sintió siempre poeta vocacional; su poesía, fijada desde sus primeros poemas de juventud, era una poesía personal, impregnada de elementos conceptuales y culturalistas, poesía de experiencia, en suma.             Desde que iniciamos nuestra aventura de Barcarola , fuimos muchos los amigos que lo animamos en reiteradas ocasiones a reunir sus poemas dispersos y a dar a luz el libro que, en cierto modo, nos debía. Pero él, una y otra vez eludió el compromiso con mil excusas de toda índole. En realidad no era, en modo alguno, pereza, como más de uno dio en pensar, sino que no sentía necesidad de publicar ni sentía llegado su momento.             Por fin, cuando empezó a vislumbrar las últimas vueltas del camino, que decía Baroja, algo en él empezó a bullir y, como Stéphane Mallarmé, o como P

EL POLVORÍN SIRIO

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            Hay motivos, hoy más que nunca, para pensar que el mundo está enloqueciendo. Sí. El ataque químico perpetrado el pasado martes en Jan Shinjún, en el norte de Siria, y que acabó con cerca de un centenar de víctimas, más de la mitad niños y mujeres, es una muestra de desquiciamiento al que asistimos. Gasear a su propio pueblo es el último grado de la infamia al que se puede llegar, y eso es lo que, al parecer, acaba de hacer ese personaje con “cara inocente” que es Bachar al Asad, un hombre que, como Hitler, Sadam Husein y tantos otros, algunos no muy lejanos, no dudan en dejar que el mundo a su alrededor se hunda, con tal de salvarse ellos. Es lo que hacen los tiranos imbuidos de su misión redentora.             La guerra de Siria, como la de Vietnam o la de Iraq, ha alcanzado tales cotas de   crueldad, que se hace difícil imaginar hasta dónde pueden llegar la degeneración humana y el horror. Hace tiempo que las últimas barreras en materia de decencia se desmoronaron,