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Mostrando entradas de octubre, 2018

EL ÁNGEL DEL MAL

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            El mundo es capaz de dar lo mejor y lo peor. Por algo decía Baudelaire que hay en el ser humano dos postulaciones, una hacia Dios y otra hacia Satanás. El santo y el diablo conviven en la tierra, en nuestra propia sociedad, aquí mismo, incluso a veces en la misma persona, como ocurre en Jekyll y Hyde.          Decía el pasado martes la fiscal Rocío Rojo sobre Patrick Nogueira, en el juicio a que está siendo sometido este último en la Audiencia Provincial de Guadalajara por el crimen perpetrado, en agosto de 2016, en Pioz, que “estamos ante uno de los crímenes más espeluznantes, horribles y terribles que yo he conocido en mi trayectoria profesional y que se han cometido en España”. Nada que objetar salvo un ligero matiz de inquina innecesario en alguien a quien la sociedad otorga tan relevante papel como el suyo. Que Patrick Nogueira es un asesino abominable –creo que no hace falta repetir los cuatro asesinatos que perpetró y lo que hizo después descuartizando a las d

¿ELECCIONES YA?

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                                             Para lo que estamos viendo, sí. Gobernar con el apoyo de un dogal, aparentemente amaestrado, y una caterva de chantajistas que pasan olímpicamente de la idea de España, y enfrente a dos caballeros, por decirlo de alguna manera, encantados de haberse conocido, que acostumbran envolverse a diario con la bandera española, pero que lo único que les importa es el poder por el poder, es para pensárselo.             Hace tiempo dije, y ahora lo repito, que no le arriendo la ganancia a Pedro Sánchez. Aceptar de facto que Iglesias vaya a entrevistarse con Junqueras en la prisión de Lledoners el pasado viernes tiene bemoles. Por muy “legal” que pueda ser el líder de E.R.C., sabe perfectamente que todo el apoyo que le ha dado y el que espera que le dé no es sino a cambio de salir a la calle él y sus colegas, a eso lo llama Junqueras hacer movimientos, tener gestos o como quiera que sea. O sea, instar a Sánchez a inmiscuirse en el entorno jud

VÉRTIGO

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            Hace exactamente once días salía a la luz una noticia, una más de esas que te ponen los pelos como escarpias durante unas horas, hasta que acabas digiriéndolas, porque tal es la ley del sensacionalismo. La noticia, verdaderamente sobrecogedora, decía que la víspera, en Madrid, una niña de diez meses había sido encontrada muerta en el coche de su padre, que la había dejado allí olvidada, en vez de llevarla a la guardería, como era su obligación. ¡Se había olvidado de su propia hija! La noticia fue rebotando, de medio en medio, produciendo escalofríos en el personal, sirviendo de motivo de conversación en los mentideros: “Hay que ver a lo que estamos llegando”. Pero sin ir mucho más allá, porque sabemos de sobra que pronto tendremos, fresquita, otra todavía más brutal.             Como es natural, el padre fue detenido, puesto a disposición del juez, que al cabo de unas horas lo dejó en libertad con cargos. Imaginamos sus palabras; imaginamos la reprimenda del juez; im

LO QUE ESPAÑA NECESITA

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            He dejado de escuchar las noticias, como tantos y tantos españoles, por puro hastío, por asco y reiteración. No se puede pasar uno el día, de la mañana a la noche, oyendo hablar de Puigdemont –por cierto, cada vez de mejor año–, de Torras, de la República catalana, de Rufián, del Govern, del independentismo, de los fugados y de la madre que los echó al mundo. Nos pasamos cuarenta años con ETA y los vascos hasta en la sopa, y vamos por los mismos derroteros. Televisión, radio, prensa haciéndoles, de continuo, el “caldo gordo”, y una publicidad que bien la quisieran otros muchos.            Aquí, como en pocos sitios, se hace realidad aquel viejo chiste según el cual una madre le decía a su hija: “si eres buena tendrás un hombre; si eres mala tendrás los que quieras”. Evidentemente, lo que vemos a diario se asemeja en grado superlativo. De la mañana a la noche; de la noche a la mañana, la misma cantinela. Es como si en España sólo contaran Cataluña y el País Vasco;