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Mostrando entradas de junio, 2014

DE PRIVILEGIOS, AFORADOS, INDULTOS Y DEMÁS EXCESOS

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        Me comenta mi alumno Manuari Moufat que le asombran esas prisas locas por aforar al rey saliente. Manuari es tahitiano, de Bora Bora, y se echa las manos a la cabeza cuando le digo que en España andamos por los diez mil aforados. Estáis locos, o sois un país de delincuentes. Yo trato de calmarlo, pero su reacción airada me da que pensar.         Qué pasa en este país donde hace falta ser algo más que un ingenuo para creerse aquello de que todos somos iguales ante la ley. Posiblemente eso fuera antes de Viriato, o antes de que al astuto de turno se le ocurriera aquello que decía Jean-Jacques Rousseau de acotar una tierra, proclamar que aquello era suyo y encontrar gente lo bastante crédula para creérselo.         Mucho tiene que correr un númida para pillar a un romano, y en ese aspecto los númidas somos el hatajo de crédulos que asistimos con paciencia al constante desafuero en que se ha convertido este país llamado España.         Si echamos un vistazo sobre nuestro

LA DESPEDIDA

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                                                Las despedidas son tristes, algunas desgarradoras. No había el pasado jueves más que mirar el semblante de Don Juan Carlos, rey emérito, y no digamos los rostros de los componentes de la selección nacional de fútbol, sometidos éstos a una despedida humillante, con lo que volvemos a lo de siempre, y que, con Don Juan Carlos, se llevan consigo lo que tanto lustre dio a España.             Pero dejemos a un lado a la “roja”, de la que habrá tiempo de hablar, y vayamos al rey abdicado, con su rostro ya abatido, con un final absolutamente impropio de ese gran monarca de nuestra historia que tan brillantemente salvó a España de los estragos del 23-F, de esas zahúrdas de Plutón en las que de nuevo unos cuantos militares mesiánicos pretendían precipitar a los españoles.               Juan Carlos de Borbón acaba de poner fin, y pese a unos comienzos más bien nada halagüeños –recordemos el remotete de José Luis de Villalonga: Juan Car

EL PORVENIR DE NUESTROS ESTUDIANTES

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            Una consulta a mis alumnos de Humanidades que, recién concluidos sus estudios de grado o de licenciatura, dejan la Universidad para afrontar su más incierto que cierto porvenir, no puede llegar a ser más explícita. Pese a su altruismo habitual –la juventud, no lo olvidemos, es la edad de los ideales por excelencia–, la preocupación principal, por no decir única, es su yo, el “qué voy a hacer con mi vida”, envuelto en un aura de miedo. Atrás quedaron, para ellos, los años en que las antiguas generaciones aspiraban a cambiar el mundo, e incluso la vida, como Rimbaud y los surrealistas. Hace tiempo que los grandes ideales empezaron a tambalearse, e incluso puede que a derrumbarse con las Torres Gemelas.             Lo que ha quedado es eso: el miedo. Lejos del nido mullido que formaban con sus compañeros de clase y curso, lejos de su calor y amistad, del mutuo apoyo, lo que resta es eso, el temor de verse solos, aislados, la soledad del corredor del fondo, adónde ir, p

UNA DECISIÓN CUANDO MENOS DISCUTIBLE

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            La casi unanimidad con que ha sido tomada por los diferentes estamentos la abdicación del rey Juan Carlos I, no puede por menos de hacernos reflexionar. Se hablaba de una más que hipotética renuncia a la corona, en especial después de las sucesivas jubilaciones de Benedicto XVI, del rey de Bélgica Alberto II y de la reina Beatriz de Holanda. Pero teníamos a Juan Carlos por un hombre tenaz, en especial después de su arrepentimiento público, gesto duro donde los haya, y su intención de recobrar la salud y el terreno perdido.             La situación de España es un reto sólo asumible por un hombre experto y con grandes dotes: ahí lo queríamos ver después del morlaco lidiado el 23-F de 1981. Por eso la sorpresa ha sido mayúscula, tan mayúscula como el desafío que le deja a su hijo Felipe, para quien se acaban los ensayos y empieza la representación seria.             Jamás sabremos, como suele ocurrir con los entresijos de la Historia , qué indujo al rey Juan Ca

HACIA EL FIN DEL BIPARTIDISMO

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            A Cañete le interesaba ganar las elecciones, a costa de lo que fuera, pero hay costes y “costes”, y a decir verdad, el coste, aquí, para él y para los suyos, y no digamos para sus oponentes del PSOE, ha sido excesivo. Ya sabemos que se trataba de unas elecciones europeas, muy aptas para todo tipo de frivolidades y experimentos con o sin gaseosa; ya sabemos que se trataba de unas elecciones a las que tradicionalmente acude una minoría, en tanto que las grandes mayorías silenciosas y decisorias en las elecciones locales y generales permanecen en sus cuarteles de invierno, como si la cosa no fuera con ellos. Sabemos eso, y sabemos otras muchas excusas de mal perdedor, pero lo cierto es que los resultados de estas elecciones europeas han hecho tambalear los cimientos de los dos grandes partidos sobre los que hasta ahora se venía asentando la democracia española: el PP, que ha perdido ocho escaños; y el PSOE, que, aún más sorprendentemente, ha perdido nueve, provocando,