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Mostrando entradas de enero, 2020

JUGANDO CON FUEGO

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             Al paso que vamos, nuestro flamante presidente de Gobierno va a hacer bueno el dicho de don Rafael Sánchez Mazas cuando, en vista de sus reiteradas ausencias del Consejo de Ministros –Franco, como es sabido, lo nombró ministro Sin Cartera después de sobrevivir de milagro a la Guerra Civil, véase Soldados de Salamina –, el Caudillo lo llamó a capítulo y le preguntó por las razones de tales ausencias; a lo que el ilustre falangista, al parecer, respondió con esa gallardía aristocrática que lo caracterizaba: “Porque la política, mi general, es asunto de muleros” (con perdón de los muleros, que hubiera añadido Cela).             Es evidente –o ésa es al menos la impresión que el sufrido ciudadano (ese mismo que acaba de recibir las migajillas del festín: 0,9 % los pensionistas; 2% los funcionarios) percibe a diario– que, como un día dijo un avispado periodista, basta tener el Boletín Oficial en la mano para obrar milagros. Recuerdo cuando, hace bastantes años, José Bono ll

¿CAMBIAR EL MUNDO O CAMBIAR LA VIDA?

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              Uno de los intelectuales más lúcidos del siglo XX, André Breton, el creador del Surrealismo, un día se pasó, con armas y bagajes, al Partido Comunista, hasta que se dio cuenta de lo que era la política dictatorial de Stalín, y, con idéntico escándalo que el que había provocado politizando el que sin duda era el movimiento vanguardista más popular e influyente en el mundo entero, se replegó a sus cuarteles de invierno, alegando, a quienes vinieron a pedirle cuentas, que lo que pretendían los comunistas era cambiar el mundo, en tanto que a lo que él aspiraba, siguiendo a su maestro Rimbaud, era a cambiar la vida.             Un dilema hermoso, sin duda, al que pocos, muy pocos, intentan dar respuesta. Y es que, en tanto que el mundo cambia a diario, la vida, la verdadera vida, siguiendo a Rimbaud, está ausente, sigue ausente. El mundo, sus estructuras, lo rigen el dinero, el poder y un statu quo más o menos podrido e inamovible que aspira a la eterna injusticia, al

UN SIGLO SIN GALDÓS

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              En 1914, las dificultades económicas por las que pasaba Galdós hicieron que sus íntimos organizaran una suscripción en ayuda del novelista, suscripción que fue encabezada por Alfonso XIII con un donativo de 10.000 pesetas. Poco a poco fue espaciando sus salidas. Sí acudía, desde luego, a sus últimos estrenos para recibir el aplauso no sólo de la obra de turno, sino de toda su gigantesca labor literaria. Para entonces, era ya la figura más popular y querida en toda España y su nombre se pronunciaba con una extraña unción.             En 1916 –año en que era nombrado delegado en los actos conmemorativos del tercer centenario de la muerte de Cervantes–, Galdós aún tenía fuerzas para publicar por entregas en La Esfera sus Memorias de un desmemoriado . Tres años más tarde, una fría mañana de enero –tenía a la sazón 76 años–, el maestro acudía al Retiro para asistir a la inauguración de la estatua, obra de Victorio Macho, que el pueblo de Madrid le brindaba, para resa

MESA Y CONSULTA

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              Torra y compañía están consiguiendo, para su plena satisfacción, justo lo contrario de lo que cabía esperar: que España se divida aún más de lo que estaba. El caos, en vísperas de la anhelada, para quienes la anhelen, investidura de Sánchez, está servido, y quien más quien menos con el alma en vilo.             Está claro que los independentistas catalanes no son tan torpes como Rajoy creía; antes bien, al contrario, conocen al adversario, lo han estudiado a la perfección, saben con exactitud cuáles son sus puntos flacos, y están muy bien asesorados, dentro y fuera de las fronteras de España. Nos creíamos perfectamente blindados con la Constitución, pero ellos sin duda llevan años preparando sus objetivos, que no son otros que la secesión. Su táctica, la del viejo Lluis Llac en “La estaca”: uno estira por un lado; otro por otro, y, al final, seguro que cae. Sólo hace falta paciencia, astucia y capacidad de mentir. O sea, las dotes de un buen político.