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Mostrando entradas de marzo, 2020

DIARIO DEL AÑO DEL DESASTRE (II). HUIS CLOS

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                                                           Decía Balzac que los verdaderos héroes de la Historia no eran los grandes generales napoleónicos enterrados en El Panteón de París, sino gentes anónimas como aquellos trescientos soldados que se presentaron voluntarios a construir un puente con barcazas para permitir que más de medio millón de hombres, o sea, la grande armée , pudiera cruzar la Berezina, evitando así que sus compañeros fueran diezmados por los cosacos. Construir aquel puente en pleno invierno, dentro del agua helada, suponía una muerte casi segura. Pero había que sacrificarse, y tenían que hacerlo tipos aguerridos y generosos que sabían que no iban a pasar a la Historia, ni figurar en ninguna columna como la de Trajano ni en ningún friso como el de las Panateas.             Pero tal es el destino de la Humanidad. Por lo general, y como decía Giraudoux, en las guerras se quedan los mejores y no todos los que sobreviven son dignos de ostentar las condeco

HUIS CLOS

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           Nos lo advirtió hace más de un mes nuestro amigo Jorge Laborda –colaborador habitual en las páginas de este mismo Diario, y que el pasado día 5 presentaba el Volumen XII de su obra Quilo de Ciencia –; nos lo advirtió, insisto, reiteradamente a los componentes de nuestra tertulia sabatina: lo que viene es “gordo”, una auténtica calamidad.             Para nosotros, legos en la materia, o casi, considerando que la “cosa” venía nada menos que de China y que, como más de un periódico o emisora había dicho, el tal “coronavirus” no pasaba de ser una gripe o poco más, dijimos,  “¡Bah!, cosas de científicos”. No en vano habíamos superado el terrible ébola africano, la difteria  y las mil y una calamidades que rara vez llegaban a nuestro paraíso europeo.             Pero, he aquí que, de pronto, el tal “coronavirus”, que ya había saltado a Irán y a Corea del Sur, pegó un brinco formidable y, como por ensalmo, alcanzó la Lombardía, el corazón alpino de Italia; ver la pl

¿COMPLOT?

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              Personas autorizadas y bien informadas como Fernando Arrabal desde París empiezan a hacerse preguntas sobre este ataque de PÁNICO impensable hacía unos cuantos años. El asalto a las Torres Gemelas de Nueva York abrió definitivamente la espita a la más desembridada fantasía, de la misma forma que el SIDA, unos años antes, parecía abrir de par en par las puertas del infierno a la depravación de SODOMA.             En los años setenta escribí una obra, jamás representada, en que dos pobres villanos, Garvilote y Kukus, vertían, en las fuentes de donde procedía el agua de la que se nutría la población, una hierbas preparadas ad hoc por una mano hechicera con el objetivo de idiotizar al personal. Una broma de muy mal gusto, pero que cabía la posibilidad de que a alguien se le hubiera ocurrido antes, visto lo visto.             Hay demasiados intereses  ocultos –como lo que mueven las bolsas–, demasiada mala leche y demasiados desdichados en este mundo que cuesta un d

CORONAVIRUS Y SURREALISMO

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              Hasta que el pasado jueves vimos en la pantalla de Mega al periodista deportivo valenciano Kike Mateu anunciándonos que había contraído la enfermedad en Milán cuando la semana anterior fue a cubrir la información del partido Atalanta-Valencia, el coronavirus –o Covid-19– no pasaba de ser una matraca diaria de chinos, cifras, mascarillas, y miedos más o menos fundados; un motivo de charla de café, de especulaciones varias, ideal para quienes se pasan la vida fantaseando sobre poderes ocultos y misterios del cuarto milenio.             Luego vimos a Kike, aunque no parecía excesivamente atribulado, más bien cabreado; y poco después supimos de la existencia de Adriano Trenistán, un italiano considerado “paciente 0”, pero que luego resultó “paciente 1”, o sea contagiado por otro que anda por ahí de incógnito por la Lombardía. O sea que la cosa originaria de Hubei, en el corazón de China, la patria del Mandarín, había roto su crisálida, volando a Italia – la patria